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lunes, 1 de julio de 2013

Jesús María, mi distrito II



El 03 de abril del año pasado, escribí un post titulado: Jesús María, mi distrito.http://palabrasderoca.blogspot.com/2012/04/jesus-maria-midistrito.html  En el conté un poco de mi experiencia y recuerdos de infancia viviendo en el distrito, y sobre las muchas cosas que, a mi juicio, debían y podrían mejorar para intentar vivir en un distrito en el que me sintiera orgullosa de vivir.  Para esa fecha aún no se sabía que Mistura 2012 se realizaría en el distrito y aquellos que me conocen saben cuál fue mi opinión y oposición al respeto, dadas las condiciones en las que se encontraba el parque antes de este evento y, claro, las condiciones en las que quedó después de ese evento a través de mis comentarios en facebook y las fotos que subí como prueba irrefutable del daño que se le hacía a este importante pulmón no solo del distrito sino de la ciudad.

Hace aproximadamente una semana llegó a casa la memoria anual 2012 de la Municipalidad de Jesús María y, claro está, antes de comentar, criticar u opinar, hay que leer así que eso fue lo que hice.  El domingo en la mañana me senté cómodamente, tome mi block y mi lapicero y empecé a revisarla página por página.  La memoria anual está elaborada en couché de 250 gr., full color, con plastificado mate y sectorizado, con interiores en couché de 120 gr., aproximadamente. Son 124 páginas con datos, fotos y mapas de proyectos y obras ejecutadas o en proceso de ejecución. 

Según el mapa de obras 2012, yo vivo en la zona 2 y de acuerdo a los datos que se consignan en la memoria, en el jirón donde vivo, compuesto por varias cuadras, se han recuperado más de 1000 m2 de áreas verdes.  Yo la verdad no tengo idea de “donde” están esos 1000 m2.  Sin hacer mayor esfuerzo, las que están en mi cuadra, la anterior o la siguiente son, o mantenidos por los dueños de las casas que están frente a ellos o simplemente regados por el municipio.  Intentaron colocar cercos con alambres para evitar que las personas los pisaran y se pudieran mantener pero, lamentablemente, la gente no parece serlo tanto y el municipio ha dejado esas áreas verdes abandonadas. Los cercos han sido sacados adrede por estas personas y ahí se han quedado sin que el municipio haga nada al respecto.

En la zona 2, a la que yo pertenezco, pertenecen también Talara, Pachacutec, Arnaldo Márquez y Garzón y según el mapa de obras, en esta zona, solo se ha realizado obras como: mejorando mi quinta (03), Punto Wi Fi (01), colocación de semáforos inteligentes (01) y rampas para sillas de ruedas (04).  La mayor concentración de obras realizadas se encuentra en las zonas 1, 3 y 8 y en menor medida en el resto de zonas.

Se dice que el presupuesto participativo fue aprobado por las juntas vecinales.  Yo me pregunto ¿Quiénes participan en la elaboración del presupuesto participativo?  En los más de 30 años que vivimos aquí, jamás nos llegó un comunicado de la municipalidad, invitando a los vecinos a ser participativos con el dichoso presupuesto.  Juntas vecinales dicen ¿no? Otra vez, en los más de 30 años que vivimos aquí, nunca se nos ha convocado a elegir a esos representantes en las juntas vecinales. No tenemos idea de quienes son, como se llaman, dónde viven y cuándo es que los elegimos pero sobre todo, ¿con quién canalizamos nuestros reclamos? Una serie de preguntas que muy probablemente sigan en ese status.

Pero vamos a hablar de cosas concretas, situaciones que uno vive día a día y no nos quedemos en el terreno de la teoría y el papel.  El Campo de Marte, si bien es cierto, ha mejorado en cierta medida, luego de la realización de la feria Mistura, dista mucho de lo que los vecinos de Jesús María aspiramos a tener como el pulmón más importante de nuestro distrito.  En algún momento el gobierno local actual decidió que somos tan civilizados y preocupados por las áreas verdes como San Isidro o San Borja y no tuvo mejor idea que retirar la gran mayoría de los cercos perimétricos que protegían las áreas verdes del Campo de Marte. El resultado, áreas que ya no son verdes sino tierra, lugares para hacer picnic o para dormir, para que los estudiantes de bar tener, practiquen con sus botellas sin romperlas y así, podría seguir hasta mañana, describiendo una serie de actividades que en esos espacios se realizan. 

Y como hablamos del Campo de Marte, hablemos de la infinita cantidad de vecinos y quizá no tan vecinos, que llevan a sus mascotas a pasear. Hasta ahí, todo bien.  Lo que no está bien es que uno tenga que ir por ahí, “esquivando” un bombardeo de excretas de perros cuyos propietarios no tienen ni la delicadeza de recoger y echar en los tachicanes.  Los efectivos de Serenazgo, que no son más de dos o tres y que permanecen cuidando el monumento a los caídos como si alguien se lo fuera a robar, no hacen ni dicen nada.  En alguna oportunidad me acerqué a increparles por qué no hacían nada. La respuesta fue tan triste que me dieron ganas de llorar: “señorita, para que vamos a decir nada si a nosotros no nos pagan por eso y la gente nos insulta”.

Desde hace varios años al municipio se le ocurrió que los vecinos estamos más que felices con la feria que en julio y Diciembre y en los últimos años, durante casi todo el año, se instala en la pista auxiliar a la Avenida Salaverry. Sin siquiera hablar de la pestilencia, el olor a grasa, la basura y la gran cantidad de gente congrega, hablaré de los que hacemos deporte y que no podemos pasar por ahí simplemente porque es imposible. Entonces, te cae un pelotazo, te atropella un futbolero o mueres asfixiado de la pestilencia.
  
Para terminar con el Campo de Marte están los que salen a correr y/o pasear con sus hermosos e imponentes perros y no los llevan con cadena y menos con bozal, que es una de las ordenanzas vigentes en el distrito.  Los serenos, bien, gracias.  Aquí no pasa nada y uno debe de dar un salto del susto hacia la pista o hacia algún jardín para evitar se atacado, porque, como saber si el perro es o no agresivo.

Los Jirones Talara y Lloque Yupanqui se ven transitados todas o casi todas las tardes por jóvenes que a veces ni siquiera viven en la zona o el distrito y que se divierten fumando su “troncho” a vista y paciencia de tutili mundi, incluido el sereno que pasea en bicicleta, los ve y sigue de largo. Ni que decir de los “angelitos” que se juntan en patota en la esquina de Talara con Lloque Yupanqui y que los fines de semana, en plena madrugada, protagonizan los escándalos más insoportables.  Grupetes de individuos que se persiguen e insultan entre si y Serenazgo, bien gracias.

Las áreas verdes, las veredas, las pistas y la pésima iluminación siguen siendo las mismas de siempre. En la zona 2, el progreso no ha llegado y parece estar relegado porque claro, más bonito es arreglar los alrededores de la municipalidad, de la casa del alcalde, el límite con San Isidro pero el resto, como diría mi viejo, “nanay”.
 
De la gran mayoría de obras que en la memoria se consignan nos hemos enterado por la memoria porque no existe medio de difusión alguno que llegue de manera efectiva a los vecinos a través del cual nos enteremos de lo que aquí sucede oportunamente o de la aparente infinita cantidad de servicios al vecino que se ofrecen.

Pero no todo está tan mal. Hace unos días felicité, a través de su fanpage en Facebook a la municipalidad que decidió afortunadamente, dejar de regar las áreas verdes con aguas pestilentes de color marrón oscuro.  Ahora, los camiones de riego pasan con mayor frecuencia y el agua es, por decir lo menos, limpia a la vista y el olfato.

No nací aquí pero he vivido casi toda mi vida en Jesús María, en casa de mis padres y me encantaría regresar a los tiempos en que el distrito era lindo, limpio, seguro, a los tiempos en que las áreas verdes se cuidaban, donde los jardines tenían cercos vivos que los protegían y no palos de madera con alambre que ahora están en el piso, a los tiempos en que el Conjunto Habitacional Angamos, o la “unidad”, como la conocemos en el barrio estaba bien pintada y se caracterizaba por sus hermosas áreas verdes, sus enormes árboles que daban sombra y refrescaban y no a los tiempos en que solo hay árboles viejos y secos que se talan y podan sin criterio y se convierten en unos moños de enorme altura que ni siquiera dan sombra o están a punto de caerse.


Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y aunque no todo tiempo pasado de Jesús María fue necesariamente mejor sería lindo que las dichosas autoridades vecinales e incluso, el propio alcalde, se pararan de su escritorio y recorrieran las calles del distrito escuchando no solo a los “vecinos amigos” sino también a los que tenemos mucho que decir o que reclamar. Todos tenemos los mismos derechos, todos pagamos arbitrios municipales.  No solo se presenten, regalando cajitas de fósforos, cuando las elecciones se acercan.

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