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viernes, 9 de octubre de 2015

Lo que pasa en las Redes Sociales se queda en Google para siempre




A estas alturas, la mayoría debería tener claro que tan importante como saber quién y cómo eres, tan importante como tu CV es importante también lo que la gente percibe o escucha sobre ti, lo que dices, lo que escribes, lo que haces. Te has puesto a pensar, a reflexionar ¿Cuán importante es tu reputación, tu imagen personal? Y aquí podríamos estar hablando de tu imagen y presentación personal y para eso, podrías acudir a expertas en el tema como Martha Risco Gonzales-Vigil o Giulia Sammarco C.A.

Podríamos hablar también de todo lo que puedes hacer por tu carrera, presente y futura, identificando espacios de crecimiento personal y profesional, los mejores momentos para hacer cambios o cómo hacerlos y recurrir a todo lo escrito por Ines Temple 

Si hablamos de la reputación de la marca, de un líder y de la importancia de lo que hacemos en el on line, que termina en el off line (no siempre para bien) y que podría resultar en una crisis de reputación, entonces, puedes aprender mucho de Milton Vela

Sean todos los actores mencionados mis amigos (que lo son y de lo que me precio), creo genuinamente en la validez de lo que escriben, de lo que dicen, de lo que saben y en lo que hacen y creo que muchos dolores de cabeza y dinero en medicamentos para tratarlo se ahorraría si nos detuviéramos y preocupáramos un poco más en estos temas. Si no te gustan ellos, hay otros, estás en libertad de elegir a quien tú quieras, a quien tú prefieras pero hoy por hoy debemos trabajar en nuestra imagen personal (o de marca), sobre todo en las redes sociales.

“Lo que pasa en las redes, no se queda en las redes”, trasciende, va mucho más allá de lo que conscientemente podríamos pensar, de lo que estamos dispuestos a pensar, al análisis que realmente queremos hacer y que de hecho hacemos. Decir “esto es twitter” (o facebook), “esta es mi cuenta y escribo lo que quiero” ya no es necesariamente tan cierto y mucho menos inocuo.

martes, 29 de septiembre de 2015

Recordar es volver a vivir y si es dulcemente, mejor.



Este no es un post asociado al relanzamiento de alguna marca de golosinas ni un “cómo desarrollar una campaña de lanzamiento o una estrategia de comunicación en 5 pasos”: tampoco el análisis o la crítica, constructiva como siempre, a la campaña de alguna marca actual. Surgió de un artículo leído hace algunos días pero de una realidad ajena a la nuestra, lo que me hizo de inmediato pensar en aquellos dulces, galletas, caramelos, chocolates y chucherías de cuando era niña.  Aquí valen dos menciones porque claro, nuestra infancia no ocurrió en el mismo espacio y tiempo.  Mi “infancia” se ubica entre mil novecientos setenta y pico y mil novecientos ochenta y pico.

La primera mención a la que haré referencia es que hasta los ocho años fui alérgica a los dulces, salvo el azúcar adicionado a la leche o a los jugos de fruta, cualquier otro dulce que mi sistema detectara me convertía de manera automática en una roncha con pelo rubio con una picazón insoportable para cualquier ser humano y más, para una niña. Entenderán que esos primeros ocho años, sobre todo los últimos cuatro, fueron una tortura, viendo como todo mundo comía dulces y yo, bueno, yo sólo podía ver. Afortunada y exactamente a los ocho años la alergia desapareció de la misma forma en que llegó a torturar mi infancia.

La segunda es que los dulces a los que haré referencia no son los únicos, seguramente había muchos más pero como de costumbre, este post está más asociado a mis propios gustos y recuerdos de manera que serán bienvenidas las menciones a aquellos que ustedes preferían o que recuerdan pero que hoy no están más.

Mis recuerdos son tan #Vintage que ni siquiera existen buenas o siquiera imágenes en la red de todos ellos como para vestir decentemente este post de manera que la lista siguiente no tiene ningún orden determinado que no sea aquel en el que los fui recordando.

1.    Chocolate Juguete de Motta, ese chocolate que al abrir la envoltura traía un “minitoy” que no era otra cosa que la figurita de algún personaje como el Oso Yogui, Benito Bodoque, el Perro Pulgoso, La Hormiga Atómica y todos los de los dibujos animados de esos tiempos.

2.    Chocomel - El Tigre, niño #Vintage que se respeta se tiene que haber atorado una y más veces comiendo Chocomel que no era otra cosa que un polvo de cacao que lejos de ser usado para la leche, comprábamos “pericoteando” algo del vuelto y claro, como te lo comías rapidito te pegabas las atoradas de la vida.

3.    Tico – Tico Chipy,  bolitas dulces de colores que, en mi caso, fueron adoptadas por ser el sustituto perfecto a los cereales que alguna vez una de mis hermanas mayores me había traído de EE.UU. Recordemos que en esos tiempos de gobierno militar, las importaciones estaban prohibidas así que no, no ibas a Wong o Vivanda (porque no existían) a comprar productos importados.  Aquí solo teníamos los Súper Epsa y no encontrabas ni arroz ni azúcar pero esos son otros recuerdos.  Es así que tu plato de leche tibia con una bolsa de Tico – Tico eran los Fruit Loops de hoy.

4.     Caramelos Monterrico, los caramelos que mi tía Nelly llevaba a casa en bolsa grande pero que para variar, yo no podía comer ¿Recuerdan mi alergia? En esos tiempos, mi tía tenía un mini Market en San Borja y siempre que iba a casa me llevaba mis caramelos Monterrico, esos que no podía comer más un lápiz un borrador…nunca entendí por qué. Menos mal que para cuando cumplí ocho y la alergia desapareció aun se encontraban estos caramelos deliciosos (junto con los de chicha y los Cocococos de Pera mis favoritos)

5.     Galletas Marquesitas de Royal, no las de Victoria, no las de ahora, las Marquesitas de Royal eran la vida, calientitas, buenazas así que como toda repetición es una ofensa, esta no fue la excepción.

6.    Muss de Cremino, esa crema de chocolate y avellana que hoy bien podría decir que era el abuelito de la Nutella. Casi no venía nada en el potecito pero que definitivamente era una de mis chucherías favoritas.

7.    Pippos Field, si no pongo a los Pippos, más de un amigo o amiga me querrá colgar del palo mayor, probablemente me elimine de facebook o me de unfollow, reporte como spam y bloquee en twitter. Los Pippos eran salados y de hecho nada tienen que hacer es esta relación de recuerdos dulces pero de todas maneras van porque no solo eran más buenos que el pan sino que, cuando los relanzaron no pasó nada.  No le corrían un metro a los Pippos originales.   

El tiempo ha pasado, el mercado de las golosinas y el gusto de los chicos de hoy ha cambiado y hay algunas chucherías dulces que simplemente no entiendo y otras que no me gustan, que no me atraen porque claro, ya no soy la niña de los 70s y 80s que conectaba en 3, 2,1 con el mensaje, con el jingle, con los colores, con las imágenes, porque simplemente ya no soy el target. El gusto, como la belleza, es subjetivo y personal pero mis recuerdos, mis improntas me pertenecen solo a mí y estarán conmigo por siempre.  ¿Te acuerdas de tus dulces favoritos?












jueves, 20 de noviembre de 2014

Ochenta Minutos con Ocrospoma



Llegué a Jesús María en diciembre de 1,977, meses  antes de cumplir ocho años.  Han pasado desde entonces 37 años, viviendo en el distrito que alberga muchos de mis recuerdos de infancia (porque el resto le pertenecen al colegio), donde conocí a muchos de los que hasta hoy son mis mejores amigos, donde aprendí mucho de lo que ahora sé, donde, como se suele decir, aprendí a tener “barrio” pero barrio del bueno, barrio bonito, barrio tranquilo, lleno de amigos y sus familias, barrio en el que dejabas la “bicla”  en la calle para entrar a tomar agua o a almorzar y al regresar la encontrabas donde la habías dejado. 

Son estas calles las que me vieron aprender a patinar, a montar bicicleta, a jugar baseball y fútbol, donde aprendí a bajar escaleras en bicicleta y a subir y bajar en las rampas del Conjunto Habitacional Angamos, conocido entre nosotros, los del barrio, como “La Unidad” o también en las de la “Resi”, a la que íbamos en caravanas de casi veinte bicicletas, en busca de la aventura de sentirnos grandes al ir solos y sin permiso a otro lugar. 

Las calles en las que jugué paletas, mata gente, kiwi y carnavales, las calles que con el pasar de los años sigo caminando y viendo cómo las antiguas casonas de ayer se van convirtiendo, de a pocos, en enormes edificios.  A pesar de todo, mis recuerdos siguen aquí.

Es sabido también que siempre he sido –y seré- una crítica constante de las gestiones municipales que, a mi juicio, solo salen a la calle en época de campaña, en busca de nuestros votos y que una vez llegan al poder, se olvidan que fueron elegidos por personas a las que representan y que necesitan y esperan ser escuchadas, tomadas en cuenta, que tienen inmensos aportes que hacer.

En ese orden de ideas saben también que siempre alcé -y alzaré- mi voz de protesta cuando vi que en el distrito las cosas andaban mal, sin necesidad de recurrir al insulto, intentando como vecina que tributa, ser escuchada, haciendo uso de los medios a mi alcance y disposición, en este caso, las redes sociales. Esas a las que las autoridades les deberían prestar un poco más de atención y usar más allá del auto bombo y la “foto para el recuerdo” junto a una placa o a un monumento o para escribir posts tipo “bot, cerrando sus muros o haciendo oídos sordos a la crítica y el reclamo”.

Hace dos días y de manera totalmente circunstancial, apareció en mi TL un tuit en el que estaba, entre otros, el alcalde Enrique Ocrospoma y en el que se hacía mención a temas de gestión municipal. Cabe resaltar que ya antes le había escrito al alcalde y que, curiosamente, además de él, me saltaba a la yugular un oportuno troll "huevo” cero seguidores y tres tuits en su haber, intentando atarantarme con sus insultos, cero argumentos y asquerosa y patética ayayería municipal.   

Son sabidas mis inmensas discrepancias con la actual gestión en temas concretos como seguridad ciudadana, ornato, mantenimiento de áreas verdes, mantenimiento de pistas y veredas, iluminación, tenencia de mascotas, etc., de manera que aproveché para, como siempre y con el mayor de los respetos, expresar mi inconformidad con la gestión.


Claro está que twitter y sus 140 caracteres no es que te den mucha opción para explayarte ni mucho menos  pero curiosamente el señor alcalde decidió responder y me mandó lo siguiente:  



Vamos por partes como diría Jack, el destripador. Primero: contrario a lo que decía y pensaba mi viejo, no soy oposición por el simple hecho de serlo. Soy oposición cuando veo que las cosas no se hacen bien, soy oposición con argumentos, con pruebas, con hechos, soy oposición con educación, con altura, con respeto porque creo que nos falta hablar más e insultar o calificar menos, nos falta dar la cara, como autoridades cuando las cosas no marchan bien, cuando nuestros votantes están descontentos, nos falta aceptar las críticas sin llamarlas “negatividad”, nos falta vivir menos en negación, nos falta dejar de llamarle a todo lo que anda mal “percepción”, nos falta comunicarnos mejor.  Segundo: es hora de un trabalenguas que dice así “La verdad que no es verdad, no es mi verdad ni su verdad. La verdad que no es verdad es mentira”. La cosa es simple, la verdad es una sola e indiscutible.

En este ir y venir de tuits que pueden checar en mi TL el alcalde Ocrospoma me “invitó” cordialmente a recorrer juntos el distrito, y obviamente eso implicaba escuchar mis reclamos, quejas, aportes y sugerencias y, de su parte, mostrarme las muchas obras que, según esto, se habían hecho en el distrito.  Es así que quedamos en reunirnos la mañana del jueves (hoy) en la cuadra en la que vivo desde hace 37 años.

Saben que la puntualidad para mí es un valor y debo decir que el alcalde llegó a cinco minutos para las 9 de la mañana.  Quiero mencionar que la única vez que vi al alcalde –y de lejos- fue cuando estaba en campaña por la reelección del período pasado cuando tocó las puertas de cada departamento de mi edificio, regalando “cajitas de fósforos” con su imagen.  Lo escuché, más que “lo vi” cuando tocó la puerta de mi casa y le entregó la dichosa cajita de fósforos a mi mamá.

Es así como arrancaron mis ochenta minutos con Ocrospoma. Empezamos a caminar rumbo al Campo de Marte y en el camino iban saliendo las preguntas, se iban dando las explicaciones, no todas satisfactorias, no todas contundentes pero explicaciones al fin.  Recordé que en los años ochenta, este inmenso parque se parecía más a un terral abandonado que a un pulmón verde de la ciudad….hasta los cubanos en sus carpas vivían ahí…hasta los leones de los circos estaban amarrados ahí…aunque ustedes no lo crean. 

Fue la alcaldesa Francisca “Paquita” Izquierdo quien lo recuperó y eso es algo que nunca olvidaré y fue su gestión la que erradicó a los ambulantes de los alrededores del mercado pero esa es harina de otro costal.  Si eres jesúsmariano o viviste aquí sabes de lo que hablo, sabes como era y sabes como es hoy. Ojo, con eso no estoy diciendo que es un parque perfecto y que está tal y cual a mi me encantaría que esté. De hecho le falta y mucho, sobre todo en temas de mantenimiento y limpieza. Como abogada del diablo diré que tiene más iluminación y hay que considerar que los recursos disponibles no son ingentes y hay también otras necesidades.

El recorrido continuó y con sorpresa pero también con algo de pena, debo reconocer que tomé conocimiento de las muchas acciones, obras y trabajo que se hace, por ejemplo, con personas con capacidades diferentes, con niños de escasos recursos, en promoción de actividades culturales como el teatro pero de las que casi nadie o muy pocos, seguramente conocen. 

Tuve la oportunidad de ingresar al centro cultural recientemente inaugurado, en convenio con el gobierno chino pero también me enteré que ahora, el Ministerio de Cultura quiere “hacerlo suyo”, una bonita manera de decir “apropiarse”, desconociendo no solo el acuerdo entre las partes sino el tiempo, esfuerzo, personal y recursos invertidos por la municipalidad. Es decir, antes no había nada más que un terral pero ahora que hay unas instalaciones envidiables, ahora sí, les tiramos “lente” y lo queremos.  A ver pues si nuestro electo pero no en funciones nuevo alcalde, Carlos Bringas, defiende los convenios y los derechos de los vecinos.

¿Por qué no conocemos de estas acciones? Supongo que porque, para variar, la comunicación apesta. Supongo que para las autoridades hay muchas otras cosas a las que considerar más importantes y dignas de relevar y difundir. Supongo que mucho del tiempo se pasa en levantar acusaciones, explicar denuncias, etc.  Todo el tiempo apagando incendios, tratando de resolver lo urgente mientras lo importante va quedando atrás.

Por alguna razón que nunca me he podido explicar, la frase de mi querido primer jefe, el General Luis Arias Graziani, siempre sale a relucir: “hay diferencia entre el fondo y la forma”. Seguramente las intenciones son muy buenas pero si las cosas se hacen saltando pasos y etapas, sin escuchar a los actores, a los probables afectados o beneficiados, sin buscar consensos el resultado es siempre el mismo: conflictos, denuncias, plantones, reclamos, insultos.  Me imagino que eso deben haber sentido los vecinos de la resi, los vecinos de los parques a los que les talaron árboles para cambiarlos por cemento, los vecinos del Campo de Marte cuando nos chantaron Mistura…y así.  

Quiero a este distrito porque es parte de mi vida,  porque creo que es así como deberíamos querer todos al lugar donde crecimos, al lugar donde vivimos. Quiero a este distrito y lo respeto y por eso, saco la basura a la hora indicada, no saco a mi perro para que deje todo sucio y si ensucia lo recojo y lo coloco en un tacho, no tiro basura o papeles en la calle o por las ventanas, no escupo, no pinto las paredes de casas ajenas, pago mis arbitrios puntualmente me revienta cuando la gente saca a su perro y no recoge la “caca” y me dan ganas de seguirlos y dejárselas en su puerta, me choca cuando se cuadran en lugares prohibidos, de emergencia o sobre la línea amarilla que significa PROHIBIDO ESTACIONAR y te miran con cara de ¿ahhh? cuando les reclamas.

Me revienta cuando destruyen los jardines, cuando no dejan trabajar ni al basurero ni al camión que pasa para regar, aturdiéndolos a bocinazo limpio, cuando taxistas o peatones orinan en la calle o en los árboles y hacen de la vía pública una urinario al aire libre pero también me mata cuando las áreas verdes se van muriendo lentamente por falta de mantenimiento, por falta de agua, cuando talan los árboles sin criterio eliminando las ramas que, en el futuro, darán sombra y aire, cuando las calles están sucias, cuando te arranchan el celular o la cartera y no hay un sereno o cuando los llamas en la madrugada y nunca llegan.  Me duelen e indignan ambas indiferencias, la de la autoridad y la del vecino. Me duele la falta de cultura, de educación. Sin educación no somos nada.

A mis amigos, a mis vecinos, no he dejado de ser oposición ni me he convertido en una “Ocrospomaliever” de la noche a la mañana.  Sigo teniendo claras las muchas cosas que no se hicieron, las que faltan, las que no se debieron hacer, las que se hicieron mal pero ahora conozco aquellas de las que nadie nos habló, ahora conozco la versión de parte en la voz de su principal actor.  Ochenta minutos con Ocrospoma no van a cambiar el destino ni la realidad del distrito pero si me sirvieron para hacerme escuchar, para dar la cara como vecina más allá de una cuenta de twitter tras un teclado, más allá del insulto.

Me gustaría que más de ustedes ejerzan su derecho a ser escuchados, que levanten su voz, hablando alto pero con respeto, hablando alto y con argumentos y acerca de hechos concretos y tangibles, exigiendo aquello que sabemos y consideramos que las autoridades deben y tienen que hacer porque para eso fueron elegidas, porque no es un favor, porque es su deber, porque fueron elegidas para servir.

Finalmente reitero aquí, el pedido final que le hice al alcalde Ocrospoma, “así como yo, hay muchísimos más vecinos que seguramente esperaron, en estos ocho años, la posibilidad de hablar con usted, no en una oficina, los miércoles de 8:00 a.m. a 9:00 a.m., sino de verlo cara a cara para recorrer su barrio, su cuadra y expresar de manera personal y directa, sus reclamos, sus quejas, sus frustraciones pero también sus aportes y sus sugerencias.  Seguramente ellos valorarían el gesto y no olvidarían que, por unos minutos, su voz fue escuchada. Lamento no haber tenido oportunidad de que esto sucediera antes, cuando aun había tiempo de corregir, de subsanar, de mejorar, cuando se podían convertir las debilidades en fortalezas y las amenazas en oportunidades, aceptando sin miedo, los errores.  

Dar la cara no es tan malo, no hace daño, dar la cara dice más de lo que uno cree y aceptar que no se es perfecto, que se cometen errores y tener el valor de escucharlo de boca de los que critican, denuncian y se quejan nos permite salir de nuestro pequeño entorno y ver más allá de lo evidente. 




martes, 29 de abril de 2014

A los cuarenta….y tantos



Parece que las cuatro décadas y todo lo que tiene que ver con este mágico hito de la  cronología humana  se ha puesto de moda.  Pues bien, para no ir en contra de la corriente y andar de la mano de “la moda” voy a contarles, ad portas de mis 44 “mayos”, lo que los cuarentas dejaron por aquí, así, sin querer. Oído a la música.

La primera cosa que debo decir es que cumplir cuarenta -los cumplí hace casi 4 años- y llegar a base cuatro, al menos para mí fue de lo más normal. No duele, no arde y mucho menos pica y como solo puedo hablar por lo que a mí me toca seguro que harta gente tendrá muchísimas otras opiniones al respecto. En este caso, es lo que hay y es lo que fue.

Entré a los cuarenta con el 50% de mi familia mermada. Me refiero a mi familia más inmediata, la más cercana, la más frecuente.  Mis viejos, mi tía y yo. Ahora, solo quedamos mamá y yo. Pero no fue solo eso.  Mi transcurrir por los cuarenta me regaló otra tremenda estocada al corazón, luego de la repentina muerte de mi hermana más querida.  Se supone que uno no debería tener “hermanas más queridas” y debería quererlas a todas por igual pero créanme, Lucy era y será por siempre mi hermana más querida.  

Otro de los hermosos regalos de los cuarenta, fue el corazón pisoteado y reventado luego de la que creí, la última y más importante relación de mi vida tras casi nueve años.  Cierto es que pasas por todo proceso conocido como “duelo amoroso”.
 Primero la tan mentada negación que no te deja ver lo que es tan evidente y obvio que hasta José Feliciano se daría cuenta. Luego la ira, la rabia…esa que hace que odies al mundo y a todos aquellos que son o tienen la osadía de querer ser felices ¿cómo se atreven?

Luego llega la negociación  y maquinamos una serie de teorías, una más patética que la que la otra, intentando recuperar lo perdido. No nos cuadra lo que ha pasado, y como existe una alta probabilidad de que “haya sido nuestra culpa”, no tenemos mejor idea que escribir un correo tras otro, uno más estúpido y penoso que el primero, llamar por teléfono millones de veces e incluso, llamar y no hablar, dejar mensajes y una serie de cosas que según nosotros, lograrán solucionarlo todo pero no, no, no.  No solucionan nada de nada.

Detrás de semejantes estupideces, no encuentras mejor camino que el deprimirte y pasártela llorando por “quítame esta paja” y lo único que pasa por tu cabeza es “jamás volveré a amar a nadie como...”  Ojalá existiera un tiempo mínimo o máximo para esto pero no, porque, en palabras de Michael Corleone, “justo cuando creía que estaba fuera, me vuelven a meter dentro”.  Lo bueno es que demora pero finalmente lo logras.  Es cuando llega la aceptación y entras en una especie de estado zen que te pone por encima del bien y el mal.  Te conviertes en “consejera” de las desgracias amorosas de los demás.

Durante la vida, personas entrarán y saldrán y solo se quedarán las verdaderamente valiosas, aquellas sobre las que valdrá la pena incluso escribir.

Los cuarentas me regalaron una serie de cosas increíblemente buenas y por las cuales puedo y debo estar agradecida, amigas y amigos tan queridos algunos de los cuales curiosamente conocí a través de twitter.  No los nombraré porque USTEDES SABEN QUIENES SON y eso es todo lo que importa. Y lo que importa es que ellos saben las razones que nos unieron, las cosas que compartimos, teníamos y tenemos en común y que la verdadera amistad, está por encima de todo.  A ellos les agradezco porque me ayudaron a afrontar y superar uno de los momentos más difíciles de mi vida. 

Formar mi propia empresa fue otro hermoso regalo de los cuarentas que, casi cuatro años después, luego de sus más y sus menos, ha madurado y tomado forma a base de muchísimo esfuerzo y sacrificio y gracias a la confianza y el respeto de amigos, clientes y proveedores.  Yo amo mi profesión, amo mi trabajo y me levanto feliz cada mañana sabiendo que lo que hago me sirve para ser feliz, para hacer felices a otros y puedo vivir de ello.

Otra cosa que me regaló mi ingreso a los cuarenta fue mis muy duramente bajados 16 kilos pero oh sorpresa, los cuarenta y cuatro estuvieron a punto de devolvérmelos. Ah no, lo que se regala, no se devuelve así que ni corta ni perezosa me encargué, en las pasadas nueve semanas, de combatir el dichoso “extra weight” que estos años se dedicaron unilateral, arbitraria y sistemáticamente a devolverme. 

Todo por comer mis deliciosos panes chapla con queso mantecoso, esos que mi herrrrrrmano Guido Muñiz me reclamaba por antojarlo. La culpa fue de mis desayunos de salchicha de Huacho, los ricos y sustanciosos almuerzos de mamá con todas sus maravillas culinarias, los atracones de dulces “pal fin de semana”, los lonches navideños y almuerzos en casa de Pili y claro, la vida sedentaria de trabajadora de oficina. Ahora corro 24 kilómetros semanales y pronto espero que sean 30 kilómetros, esa es mi meta.  Acabo de inscribirme en el gimnasio luego de casi 5 años.  Arranco en unos días y espero volver a alcanzar esos 16 kilos menos que tanto esfuerzo me costó perder. 

Mención especial merece el hecho que, desde que empecé la dieta y a bajar de peso, duermo como bebé recién nacida. Algo que no me pasaba desde….desde recién nacida. Tenía problemas de insomnio fre ga dos y si bien es cierto, el sueño ligero sigo teniéndolo, me es mucho más sencillo conciliarlo nuevamente y dormir de un solo round toda la noche.  Eso antes era IMPOSIBLE.

Lo más importante de este relato que a nadie le importa pero que a mi si me importa, es que incluso ante el peor de los dolores, ante la más estrepitosa de las caídas y todas tus ganas de tirar la toalla, siempre hay una luz al final del camino. Suena trillado y cursi pero es verdad.  Cuánto te demores en llegar depende solo de ti. 


Gracias década de los cuarenta y tantos por lo bueno y también por lo malo porque gracias a eso me hice más fuerte y no hay cosa que me proponga que no pueda lograr.  Escuchaste bien, tu, tu y también tu, no hay nada que no pueda lograr. No hay nada que tu no puedas lograr. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Pardos Chicken: Satisfacción y felicidad del cliente transformadas en lealtad


Hace unas pocas semanas tuvimos que pasar un momento más que difícil a nivel familiar.  Fueron en definitiva unos días muy duros, agotadores e interminables.  El día final, ese en el que todo el proceso terminó llegamos a casa más que tarde, cansadas y muertas de hambre.  Era un hecho que nadie, siendo las 4:00 p.m., levantaría un solo dedo ni para cocinar ni para buscar algo en el refrigerador para comer.  Como siempre, en los buenos y los malos momentos, el siempre bien ponderado “servicio de delivery” suele sacarnos de ese tipo de dilemas. 

No solo  por hambre o antojo sino porque siempre ha sido uno de los favoritos en casa, decidimos pedir un delicioso pollo a Pardos Chicken.  Ya imaginaba yo mis papitas crocantes, mi pollito caliente y por supuesto, su incomparable chicha morada, por cierto, mi preferida.  El proceso lo conocemos todos de memoria y, a pesar de que su local se encuentra a 3.5 cuadras de mi casa, el tiempo de entrega fue el del promedio, de 35 a 40 minutos.  Ahora sé que, cuando mueres de hambre, el tiempo se hace eterno e inacabable.

Pasado el tiempo de espera sonó el timbre y la emoción, al igual que un profundo crujido de “panza” nos embargó de inmediato.  En menos de 1 minuto estaba en la puerta el repartidor con nuestro tan esperado pedido.  Nos sentamos en la mesa, abrimos cuantos paquetes nos entregaron, y sin siquiera hablar, procedimos a servirnos nuestros platos.
 
Debo ser honesta en decir que, desde que abrí el contenedor de las papas noté un inusual color extra dorado más parecido al quemado que cualquier otra cosa  y si, en ese momento no le tomé mayor importancia hasta que empezamos a comer.  Por primera vez en años tenía frente a mí un plato de pollo frío y unas papas notoriamente recalentadas, remojadas y casi quemadas.

Teníamos tanta hambre que, a pesar de todo, seguimos comiendo porque mientras nos comunicábamos telefónicamente, reclamábamos y esperábamos por un nuevo pedido, habríamos almorzado a las 7:00 p.m., así que, “caballeros nomás”, seguimos comiendo…Ahhhh, pero ustedes que bien me conocen, saben que no me quedaría callada así que ni bien se acabó aquella experiencia alimenticia para el olvido, cogí mi teléfono celular y decidí enviar un inbox a la fan page de Pardos Chicken.  Como contarlo sería pesado, mejor se los muestro.



No tenía grandes esperanzas de que me respondieran pero me sorprendí porque a eso de las 8:00 p.m., recibí la llamada de la Administradora del local de la Av. Salaverry, la señorita Celina Cachay, cuyo nombre anoté de inmediato.  De lo más tranquila y amable lo primero que hizo fue identificarse, comentarme que había recibido información acerca de mi queja a través de facebook y que por favor, le contara que era lo que había pasado. 

Con total lujo de detalles le comenté todo y sobre todo que no podía creer que algo así me hubiera sucedido con Pardos.  Lo primero que hizo fue pedirme disculpas en nombre de la empresa y por supuesto, a nombre propio, que iba a tomar las medidas correctivas del caso luego de averiguar que era lo que había sucedido.  Les confieso que con eso, me daba por bien servida porque estaba sorprendida de la rapidez de la reacción de la empresa.  Antes de terminar la conversación me dijo lo siguiente: “Srta. Roca, nos gustaría poder resarcir de alguna manera la mala experiencia que usted ha tenido el día de hoy, la cual lamentamos y quisiéramos por favor nos indique el día y la hora en que podemos enviarle un pedido similar al que usted realizó el día de hoy. Una vez lo hayamos podido coordinar, de manera personal me comunicaré con usted para que por favor comparta conmigo cuál fue su experiencia”.

Obviamente mi cara de sorpresa a través de la línea ella no la pudo ver pero créanme, tenía cara de sorpresa así que de inmediato coordinamos para el domingo inmediato a la 1:00 p.m.  La señorita Cachay dijo: “Srta. Roca, el domingo al medio día me estaré comunicando personalmente con usted para re confirmar el pedido”.  Por supuesto le agradecí y así quedamos.

Como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, llegó el domingo y llegó el medio día.  El teléfono de la casa volvió a sonar, era la Srta. Cachay  preguntando por mí.   Con la voz y actitud más positiva y amable que me ha tocado experimentar como cliente en un caso de reclamo o queja, me dijo: “Srta. Roca, buenas tardes, tal como quedamos, estoy llamándola para re confirmar el pedido y la hora de entrega”.  Luego de reconfirmar todo colgamos.  Exactamente a un minuto para la 1:00 p.m., sonó el timbre del intercomunicador, era el delivery de Pardos para entregar el pedido.

No les miento, hasta el chico que entregó el delivery tenía una enorme sonrisa en su cara y con total amabilidad me dijo: “Srta. Roca, aquí le traigo su pedido, que lo disfrute”. Nos tienen una idea de la inmensa curiosidad que tenía de abrir los paquetes y ver que onda con lo que esta vez encontraría.  Por supuesto, lo que encontré era exactamente lo que he encontrado durante años en Pardos: un pollo calientito, recién preparado, unas papitas bien doradas, sin un solo rastro quemado (en serio, vean la foto), súper crocantes y deliciosas, acompañado de sus más que espectaculares salsas, cremas, ensalada y por supuesto, una chicha bien helada.

Como dicen que una, (o más de una) imagen vale más que mil palabras, comparto con ustedes algunas de las fotos.  Claro, son las fotos del antes porque las del después no creo que nadie las quiera ver. Sobre todo, si consideramos que los platos quedaron literalmente “a los huesos”.




Un par de horas después se volvió a comunicar conmigo la Srta. Cachay para, tal y como había pedido, compartiera mi experiencia de ese día.  La verdad es que yo solo pude decirle “este es el Pardos de siempre, el Pardos que en casa a todos nos encanta”. Como ustedes comprenderán, no existirá poder humano o sobre humano que haga que yo cambie de lugar para comer el mejor pollo de Lima, claro, salvo que se convirtiera en uno muy malo.


Desde este espacio, resalto y felicito la coherencia de la empresa y sus colaboradores con su misión: Ser felices y hacer felices a nuestros clientes”, la capacidad de reacción con sus clientes, sin importar su tamaño; el lugar que le dan al servicio y la satisfacción, lo involucrados que se encuentran sus colaboradores con la filosofía de la empresa y por supuesto a la Srta. Cachay por esa amabilidad y capacidad para hacer sentir a un cliente como el más importante.  Cierro este post con esta frase, porque me demostraron que la viven todo el tiempo: Preocúpate por la satisfacción y la felicidad de tus clientes, incluso cuando aquello que transmiten no sea positivo”.

martes, 9 de julio de 2013

La importancia de saber conversar y escuchar en RR.SS.



El día de hoy un post en el muro de facebook de mi muy querido amigo, colega y maestro Milton Vela, Director de Café Taipá, (http://cafetaipa.com) comentando la entrevista a la Gerente de Marketing de Jockey Plaza en el Diario Gestión, sobre el millón de fans alcanzado  http://www.facebook.com/photo.phpfbid=10152959427510408&set=a.196818595407.253157.666645407&type=1&theater  me hizo recordar que hace poco menos de un mes publiqué un post titulado: la batalla de los likes http://palabrasderoca.blogspot.com/2013/06/la-batalla-de-los-likes.html a través del cual analizábamos  las acciones y estrategias de algunas empresas, entre ellas, los centros comerciales, por alcanzar la mayor cantidad posible de fans a través de la plataforma social facebook.


Si analizamos y actualizamos los datos de entonces a hoy podremos ver que en menor o mayor medida, los negocios analizados han tenido un incremento en su nivel de fans. Por ejemplo, Real Plaza  se ha desplazado al segundo lugar con poco más de 1.1 millones de fans pero Plaza San Miguel, con menos de 100 mil, tiene más alto porcentaje de actividad, probablemente atribuible al natural bajón que se sufre luego de una campaña como la del Día del Padre, realizada el pasado mes de junio.


En mi post anterior resaltaba la importancia de realizar un seguimiento para identificar las estrategias que aplicaban las empresas para no solo aumentar el número de seguidores en facebook sino para mejorar las estrategias de interacción con sus fans. De la entrevista publicada en Gestión se desprende que la acción realizada por el Jockey Plaza, además de desarrollar los mensajes para sus distintas campañas inhouse y luego trasladarlos a su agencia para que desarrolle  estrategias que incorporen nuevos fans, fue sortear entradas para el partido de Lionel Messi y sus amigos, del pasado 02 de julio. Imposible no "chuntarla".

Imposible no lograr aumentar la cantidad de fans con un sorteo por de más atractivo pero, como bien me hizo notar hoy Milton Vela, Jockey Plaza, mantiene su muro cerrado, de manera que los comentarios se generan solo a partir de los post que publican.  Sería interesante también hacer un seguimiento a esta estrategia que nos permita ver si, en el corto plazo, el centro comercial decide cambiar esta política y permitir que sus fans hagan comentarios, consultas e incluso, por qué no, críticas respecto a los servicios o productos adquiridos.  

Resulta mucho más interesante, atractivo y enriquecedor el hecho de poder interactuar con los clientes, porque a través de ese feed back, brindan información e insumos que permiten evaluar de manera permanente y sin intermediarios lo que estás haciendo, bueno o malo, para entender sus necesidades, para saber lo que quieren y esperan de nosotros. Me parece más interesante lo que hizo Real Plaza –que por cierto, tiene su muro abierto- en su estrategia online, invitando a sus fans a imprimir cuponeras con vales de descuento que se hacían válidos presentándolos en los establecimientos participantes en la promoción. De esta manera incrementaron el número de fans además de asegurar que esos fans se convirtieran en leads. 










Fuente:
Diario Gestión
Investigación propia


lunes, 1 de julio de 2013

Jesús María, mi distrito II



El 03 de abril del año pasado, escribí un post titulado: Jesús María, mi distrito.http://palabrasderoca.blogspot.com/2012/04/jesus-maria-midistrito.html  En el conté un poco de mi experiencia y recuerdos de infancia viviendo en el distrito, y sobre las muchas cosas que, a mi juicio, debían y podrían mejorar para intentar vivir en un distrito en el que me sintiera orgullosa de vivir.  Para esa fecha aún no se sabía que Mistura 2012 se realizaría en el distrito y aquellos que me conocen saben cuál fue mi opinión y oposición al respeto, dadas las condiciones en las que se encontraba el parque antes de este evento y, claro, las condiciones en las que quedó después de ese evento a través de mis comentarios en facebook y las fotos que subí como prueba irrefutable del daño que se le hacía a este importante pulmón no solo del distrito sino de la ciudad.

Hace aproximadamente una semana llegó a casa la memoria anual 2012 de la Municipalidad de Jesús María y, claro está, antes de comentar, criticar u opinar, hay que leer así que eso fue lo que hice.  El domingo en la mañana me senté cómodamente, tome mi block y mi lapicero y empecé a revisarla página por página.  La memoria anual está elaborada en couché de 250 gr., full color, con plastificado mate y sectorizado, con interiores en couché de 120 gr., aproximadamente. Son 124 páginas con datos, fotos y mapas de proyectos y obras ejecutadas o en proceso de ejecución. 

Según el mapa de obras 2012, yo vivo en la zona 2 y de acuerdo a los datos que se consignan en la memoria, en el jirón donde vivo, compuesto por varias cuadras, se han recuperado más de 1000 m2 de áreas verdes.  Yo la verdad no tengo idea de “donde” están esos 1000 m2.  Sin hacer mayor esfuerzo, las que están en mi cuadra, la anterior o la siguiente son, o mantenidos por los dueños de las casas que están frente a ellos o simplemente regados por el municipio.  Intentaron colocar cercos con alambres para evitar que las personas los pisaran y se pudieran mantener pero, lamentablemente, la gente no parece serlo tanto y el municipio ha dejado esas áreas verdes abandonadas. Los cercos han sido sacados adrede por estas personas y ahí se han quedado sin que el municipio haga nada al respecto.

En la zona 2, a la que yo pertenezco, pertenecen también Talara, Pachacutec, Arnaldo Márquez y Garzón y según el mapa de obras, en esta zona, solo se ha realizado obras como: mejorando mi quinta (03), Punto Wi Fi (01), colocación de semáforos inteligentes (01) y rampas para sillas de ruedas (04).  La mayor concentración de obras realizadas se encuentra en las zonas 1, 3 y 8 y en menor medida en el resto de zonas.

Se dice que el presupuesto participativo fue aprobado por las juntas vecinales.  Yo me pregunto ¿Quiénes participan en la elaboración del presupuesto participativo?  En los más de 30 años que vivimos aquí, jamás nos llegó un comunicado de la municipalidad, invitando a los vecinos a ser participativos con el dichoso presupuesto.  Juntas vecinales dicen ¿no? Otra vez, en los más de 30 años que vivimos aquí, nunca se nos ha convocado a elegir a esos representantes en las juntas vecinales. No tenemos idea de quienes son, como se llaman, dónde viven y cuándo es que los elegimos pero sobre todo, ¿con quién canalizamos nuestros reclamos? Una serie de preguntas que muy probablemente sigan en ese status.

Pero vamos a hablar de cosas concretas, situaciones que uno vive día a día y no nos quedemos en el terreno de la teoría y el papel.  El Campo de Marte, si bien es cierto, ha mejorado en cierta medida, luego de la realización de la feria Mistura, dista mucho de lo que los vecinos de Jesús María aspiramos a tener como el pulmón más importante de nuestro distrito.  En algún momento el gobierno local actual decidió que somos tan civilizados y preocupados por las áreas verdes como San Isidro o San Borja y no tuvo mejor idea que retirar la gran mayoría de los cercos perimétricos que protegían las áreas verdes del Campo de Marte. El resultado, áreas que ya no son verdes sino tierra, lugares para hacer picnic o para dormir, para que los estudiantes de bar tener, practiquen con sus botellas sin romperlas y así, podría seguir hasta mañana, describiendo una serie de actividades que en esos espacios se realizan. 

Y como hablamos del Campo de Marte, hablemos de la infinita cantidad de vecinos y quizá no tan vecinos, que llevan a sus mascotas a pasear. Hasta ahí, todo bien.  Lo que no está bien es que uno tenga que ir por ahí, “esquivando” un bombardeo de excretas de perros cuyos propietarios no tienen ni la delicadeza de recoger y echar en los tachicanes.  Los efectivos de Serenazgo, que no son más de dos o tres y que permanecen cuidando el monumento a los caídos como si alguien se lo fuera a robar, no hacen ni dicen nada.  En alguna oportunidad me acerqué a increparles por qué no hacían nada. La respuesta fue tan triste que me dieron ganas de llorar: “señorita, para que vamos a decir nada si a nosotros no nos pagan por eso y la gente nos insulta”.

Desde hace varios años al municipio se le ocurrió que los vecinos estamos más que felices con la feria que en julio y Diciembre y en los últimos años, durante casi todo el año, se instala en la pista auxiliar a la Avenida Salaverry. Sin siquiera hablar de la pestilencia, el olor a grasa, la basura y la gran cantidad de gente congrega, hablaré de los que hacemos deporte y que no podemos pasar por ahí simplemente porque es imposible. Entonces, te cae un pelotazo, te atropella un futbolero o mueres asfixiado de la pestilencia.
  
Para terminar con el Campo de Marte están los que salen a correr y/o pasear con sus hermosos e imponentes perros y no los llevan con cadena y menos con bozal, que es una de las ordenanzas vigentes en el distrito.  Los serenos, bien, gracias.  Aquí no pasa nada y uno debe de dar un salto del susto hacia la pista o hacia algún jardín para evitar se atacado, porque, como saber si el perro es o no agresivo.

Los Jirones Talara y Lloque Yupanqui se ven transitados todas o casi todas las tardes por jóvenes que a veces ni siquiera viven en la zona o el distrito y que se divierten fumando su “troncho” a vista y paciencia de tutili mundi, incluido el sereno que pasea en bicicleta, los ve y sigue de largo. Ni que decir de los “angelitos” que se juntan en patota en la esquina de Talara con Lloque Yupanqui y que los fines de semana, en plena madrugada, protagonizan los escándalos más insoportables.  Grupetes de individuos que se persiguen e insultan entre si y Serenazgo, bien gracias.

Las áreas verdes, las veredas, las pistas y la pésima iluminación siguen siendo las mismas de siempre. En la zona 2, el progreso no ha llegado y parece estar relegado porque claro, más bonito es arreglar los alrededores de la municipalidad, de la casa del alcalde, el límite con San Isidro pero el resto, como diría mi viejo, “nanay”.
 
De la gran mayoría de obras que en la memoria se consignan nos hemos enterado por la memoria porque no existe medio de difusión alguno que llegue de manera efectiva a los vecinos a través del cual nos enteremos de lo que aquí sucede oportunamente o de la aparente infinita cantidad de servicios al vecino que se ofrecen.

Pero no todo está tan mal. Hace unos días felicité, a través de su fanpage en Facebook a la municipalidad que decidió afortunadamente, dejar de regar las áreas verdes con aguas pestilentes de color marrón oscuro.  Ahora, los camiones de riego pasan con mayor frecuencia y el agua es, por decir lo menos, limpia a la vista y el olfato.

No nací aquí pero he vivido casi toda mi vida en Jesús María, en casa de mis padres y me encantaría regresar a los tiempos en que el distrito era lindo, limpio, seguro, a los tiempos en que las áreas verdes se cuidaban, donde los jardines tenían cercos vivos que los protegían y no palos de madera con alambre que ahora están en el piso, a los tiempos en que el Conjunto Habitacional Angamos, o la “unidad”, como la conocemos en el barrio estaba bien pintada y se caracterizaba por sus hermosas áreas verdes, sus enormes árboles que daban sombra y refrescaban y no a los tiempos en que solo hay árboles viejos y secos que se talan y podan sin criterio y se convierten en unos moños de enorme altura que ni siquiera dan sombra o están a punto de caerse.


Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y aunque no todo tiempo pasado de Jesús María fue necesariamente mejor sería lindo que las dichosas autoridades vecinales e incluso, el propio alcalde, se pararan de su escritorio y recorrieran las calles del distrito escuchando no solo a los “vecinos amigos” sino también a los que tenemos mucho que decir o que reclamar. Todos tenemos los mismos derechos, todos pagamos arbitrios municipales.  No solo se presenten, regalando cajitas de fósforos, cuando las elecciones se acercan.