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martes, 8 de mayo de 2012

Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja 2012: los jóvenes llevan ayuda y esperanza

Los que me conocen o han leído mi blog alguna vez, saben que tuve la suerte de trabajar en la Cruz Roja Peruana durante casi cinco años y luego en la Delegación Regional para América del Sur de Cruz Roja Alemana.  Siempre que tengo la oportunidad de escribir algo sobre mi muy querida Cruz Roja lo hago. Es uno de los trabajos que más me marcó en la vida y uno de los que más me ensenó a conocer la realidad de nuestro país.  Hoy 8 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Cruz Roja en el que se recuerda el nacimiento de su fundador Henry Dunant.

La fundación

El Comité que más tarde sería el Comité Internacional de la Cruz Roja se reunió por primera vez en febrero de 1863, en Ginebra, Suiza. Entre sus cinco miembros había un hombre del lugar llamado Henry Dunant, quien un año antes había publicado un libro con el cual hizo campaña, Recuerdo de Solferino, en el que hacía un llamamiento para mejorar la asistencia a los soldados heridos en tiempo de guerra.  A finales de año, el Comité había congregado a representantes para convenir, según la propuesta de Dunant, en el establecimiento de Sociedades Nacionales de socorro a fin de que fueran auxiliares de los servicios sanitarios de los ejércitos. Y, en agosto de 1864, persuadió a los Gobiernos a que aprueben el primer Convenio de Ginebra. Por ese tratado los ejércitos tenían la obligación prestar asistencia a los soldados heridos, independientemente del bando al que pertenecían, y se introdujo un emblema uniforme para los servicios sanitarios: una cruz roja sobre fondo blanco.


El cometido del CICR era al principio el de coordinar. Pero, paulatinamente, se iba implicando más en las actividades operacionales sobre el terreno, en tanto que descollaba la necesidad de un intermediario neutral entre los beligerantes. Los siguientes 50 años, el CICR expandió su labor, en tanto que se iban estableciendo las Sociedades Nacionales (la primera, en el estado alemán de Württemberg, en noviembre de 1863) y se adaptó el Convenio de Ginebra para incluir la guerra en el mar.

Primera Guerra Mundial, 1914-1918

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, basándose en la experiencia adquirida en otros conflictos, el CICR abrió una Agencia Central de Prisioneros de Guerra, en Ginebra, cuya finalidad era restablecer el contacto entre los soldados capturados y sus familiares. Siguió innovando: sus visitas a los prisioneros de guerra aumentaron durante este período; intervino acerca del uso de armas que causan sufrimientos excesivos: en 1918, hizo un llamamiento a los beligerantes para que renuncien al uso del gas mostaza. Ese mismo año, en Hungría, visitó por primera vez a prisioneros políticos. Las mismas Sociedades Nacionales emprendieron una movilización sin precedentes, en la cual voluntarios dirigían los servicios de ambulancia sobre campo de batalla y prestaban asistencia los heridos en los hospitales. Para la Cruz Roja de muchos países, era su hora más pura.

1918-1939

Después de la guerra, muchas Sociedades Nacionales consideraron que, con el advenimiento de la paz y las esperanzas de un nuevo orden mundial, el cometido de la Cruz Roja tenía que cambiar. En 1919, fundaron la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, prevista como el futuro órgano de coordinación y de apoyo para el Movimiento. Pero los conflictos durante los decenios de 1920 y de 1930 pusieron de relieve la necesidad de un intermediario neutral, y el CICR siguió activo, cada vez más fuera de Europa (Etiopía, América del Sur, Lejano Oriente) y en las guerras civiles (especialmente en España).  En 1929, el CICR persuadió a los Gobiernos a que aprueben un nuevo Convenio de Ginebra, a fin de prestar mayor protección a los prisioneros de guerra. Pero, a pesar de las evidentes amenazas mayores que entrañaba la guerra moderna, no pudo lograr a tiempo que convinieran en nuevas leyes para proteger a los civiles, para prevenir las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial.

Segunda Guerra Mundial, 1939-1945

En la Segunda Guerra Mundial se registró una gran expansión de actividades, cuando la Institución intentó obrar para prestar asistencia y proteger a las víctimas de todos los bandos. El CICR y la Liga trabajaron conjuntamente para enviar socorros en todo el mundo, en favor de prisioneros de guerra y de la población civil. Los delegados del CICR visitaron a prisioneros de guerra en todo el mundo y ayudaron en el intercambio de millones de mensajes de Cruz Roja entre familiares. Durante años, tras la guerra, el CICR gestionó solicitudes de noticias acerca de familiares desaparecidos. Sin embargo, en este período también se registró el mayor fracaso del CICR: su falta de acción en favor de las víctimas del Holocausto y otros grupos perseguidos. Carente de una base jurídica específica, vinculado por sus procedimientos tradicionales y trabado por sus vínculos con la clase política suiza, fue incapaz de tomar una acción decisiva o manifestarse públicamente. Se dejó a los delegados del CICR que hicieran por su cuenta lo podían para salvar a grupos de judíos.

Desde 1945

Desde 1945, el CICR, ha continuado instando a los Gobiernos a que fortalecieran el derecho internacional humanitario, y lo respeten. Ha intentado afrontar las consecuencias de índole humanitaria de los conflictos que marcaron un hito en la segunda mitad del siglo XX, comenzando por Israel y Palestina, en 1948.  En 1949, tras iniciativa del CICR, los Estados acordaron examinar los tres Convenios de Ginebra vigentes (que versan sobre los heridos y los enfermos en el campo de batalla, las víctimas de la guerra en el mar y los prisioneros de guerra) y añadir un cuarto Convenio, a fin de proteger a los civiles que viven bajo el control del enemigo. En los Convenios se dispone el cometido principal del CICR en situaciones de conflicto armado. Y en 1977, se aprobaron dos Protocolos adicionales a los Convenios. El Protocolo I es aplicable en conflictos armados internacionales; el segundo, en conflictos internos, un progreso importante. En los Protocolos también se sentaron normas relativas a la conducción de las hostilidades.  Desde 1863, el CICR –tres veces galardonado con el premio Nobel de de la paz– se ha desarrollado de manera insospechada para sus fundadores. Sin embargo, su perspectiva es la misma: prestar asistencia, y procurar proteger, a las víctimas de la guerra y de la violencia interna.

Actividades

El CICR desarrolla diversas actividades, por ejemplo, en favor de las personas afectadas por la guerra, visitando a los detenidos, tanto a los prisioneros de guerra como a los internados civiles en tiempo de conflicto armado, protección a la población civil (las personas que son arrestadas o detenidas, especialmente en el contexto de un conflicto armado o otra situación de violencia y las personas civiles que no participan, o que han dejado de participar, en hostilidades o en enfrentamientos violentos, prestando especial atención a grupos expuestos a riesgos concretos, como los niños (reclutamiento de menores de edad), las mujeres (violencia sexual), los ancianos, los discapacitados y los desplazados), restablecimiento de contacto entre familiares separados por conflictos o desastres, seguridad económica, agua y hábitat, salud, cooperación con las Sociedades Nacionales, promover el respeto del derecho, ayudando a los gobiernos a cumplir su obligación de promover e implementar el DIH convencional y consuetudinario a través de medidas legislativas y administrativas, entre otras.


Desde su fundación en 1863, el objetivo único del CICR ha sido prestar protección y asistencia a las víctimas de los conflictos y enfrentamientos armados. Lo hace mediante la realización directa de actividades en todo el mundo, así como mediante el fomento del desarrollo del derecho internacional humanitario (DIH) y la promoción del respeto de esta rama del derecho por parte de los Gobiernos y de los portadores de armas. Su historia trata del desarrollo de la acción humanitaria, de los Convenios de Ginebra y del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.


Fuente: www.icrc.org




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